lunes, 7 de junio de 2010

Casino Royale: "You know my name"

 
Seamos francos ["españoleees"]; con 20 películas, la saga del agente secreto británico James Bond se había convertido en una parodia de si misma. Todo era ya mera parafernalia decorada, efectos exagerados, situaciones inverosímiles, autohomenajes tras autohomenajes que no aportaban sino más de lo mismo: villanos ridículos, chicas cañón y litros y litros de Martini (Muere Otro Día, el mejor ejemplo de ello).

De pronto, alguien tuvo la brillante idea de volver a los inicios (cosa que se viene haciendo cada vez con más frecuencia de la que se debería) y adaptar la primera novela de Ian Fleming sobre 007: Casino Royale. Esta vez el enfoque sería distinto: un Bond más cabrón, frío, inmaduro, en un entorno realista y con una historia coherente y respetuosa consigo misma, sin renunciar al espectáculo. El resultado fue un milagro: James Bond volvió a sorprendernos a todos, retornando con una de las mejores películas de acción y espionaje que se han rodado nunca (Con permiso de Jason Bourne, claro).

Y aún así seguía siendo 007. Distinto, pero el mismo. El personaje comienza vistiendo ropa informal, conduciendo coches normales, bebiendo cubatas, solucionando todo a hostias, pasando de jefes y haciendo las cosas a su manera y manda al carajo a quien le pregunta su nombre . A medida que va avanzando el metraje, las cosas van cambiando. El frío sicario conoce a una mujer (Vesper, la más interesante en 20 películas) y tiene como objetivo un villano cuyo propósito no es dominar el mundo, sino ganar dinero. La misión, así,  requiere refinamiento, elegancia. Poco a poco, van resurgiendo los elementos típicos: Martini, Aston Martin, traje, sarcasmos... Y un final que deja por tierra cualquiera de los mencionados autohomenajes. Todo logra lo único que no tiene ninguna de las anteriores películas de la saga: evolución de personaje. James Bond, al principio, no es nadie, y al final, es la leyenda que todos conocemos.
De cualquier manera, el toque retro no se perdió, ese regusto casposo continuaba en cada escena, pero esta vez con un matiz completamente distinto.

La secuencia inicial de la película expone muy adecuadamente el nuevo planteamiento: frialdad y efectividad en el prólogo y una secuencia de créditos colorida, digna del top5 de la saga, con una canción enorme, para recordarnos que estamos ante el mitológico agente 007. Disfruten.









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Por cierto, hoy celebramos algo. Este es el post número...


... de El Guardián entre el Orégano.

2 comentarios:

Alex dijo...

Ta-nán!

Brian Edward Hyde dijo...

HAPPY BIRTHDAY!!!!

Y acaso alguien daba algo por Daniel Craig? Aún recuerdo al muchacho en pelota picada en la silla de la tortura... (y no la de Shakira), auch.