lunes, 18 de enero de 2010

Pensaciones: Guantes



¿Quién no se ha puesto un fino guante de latex solamente para hacer sonar el latigazo, como si fuera un médico o un aprendiz de Dexter? ¿Quién no ha llevado los guantes gordos de goma, esos que limitan al máximo la movilidad de tus dedos, para fregar algo o evitar quemaduras por reacciones químicas (No, no me preguntéis que reacción he provocado, no lo voy a contar)? ¿O ha tenido fantasías con los guantes de Gilda? ¿O ha querido ponerse esos de malla metálica de carnicero para coger los cuchillos por sus hojas? ¿O se ha puesto uno de béisbol sólo para soltarle puñetazos con la mano libre? Quizás sois menos los que habéis usado guantes de trabajo, del tipo que llevan los obreros o los agricultores. Yo sí, y os puedo jurar ante vuestros respectivos dioses que hay una gran diferencia entre cavar un hoyo para plantar un árbol con guantes y sin ellos. Sin ellos, al final del día tendrás un dolor insoportable, acompañado de rozaduras y callos la mar de curiosos. Con ellos, tus manos estarán suaves como el culito de un bebé de peluche lavado con Mimosín mientras suena Nora Jones de fondo.


Los guantes más gañanes que he visto en mi vida


Pero, aparte de estos casos, por lo general me gusta llevar guantes cuando voy por la calle. ¿El motivo? Una mezcla entre querer tener las manos calentitas y mi vieja costumbre paranoica de no dejar mis huellas digitales por ahí. Qué le voy a hacer; he visto las suficientes películas de Hitchcock como para temer que la policía me incrimine erróneamente en un crimen que no he cometido, así que tomo precauciones. Eso y que no me gusta que me toquen con las manos frías y como doy por sentado que la gente es como yo, uso guantes para no ir fastidiando por ahí. Y por supuesto no es lo mismo que llevar las manos metidas en el bolsillo.
Tengo unos cuantos pares. Unos viejos de lana recubiertos ya de pelotillas, azules marino, con un elástico a la altura de la muñeca que aprietan cada día más y que hace al menos 8 años que no me pongo. Pero ahí están. Recuerdo de las mañanas en las que iba andando al instituto, cuando odiaba madrugar mucho menos que ahora.
Otros son hechos a mano usando hilo de lana gordo blanco y negro, que, vistos de lejos, parecen un gris zarrapastroso. Fueron los sustitutos de los anteriores, pero nunca me llegaron a convencer de verdad. Por alguna razón religioso-científica, el aire pasa a través de ellos como si nada, lo cual es jodido porque al llevarlos puestos las manos empezaban a sudar y con el airecillo que entraba, el sudor se congelaba y era espantosamente molesto. Al final siempre acaba con ellos colgados de algún bolsillo.

Los guantes ideales para navegar por Facebook


No fue hasta que llegué a la universidad cuando encontré el primer par de guantes decentes que he tenido en mi vida. Son guantes especiales de cacería, diseñados para sostener firmemente una escopeta de caza sin que se resbale por las posibles heladas. Tecnología textil ultra avanzada. Los tenía mi padre (que es el cazador, no yo) guardados en su armario y prácticamente no lo había usado nunca. Están hechos de pura piel de vacuno, cosidos con un hilo de cuero marrón que le da un aspecto casi medieval que me encanta. Además tienen la gran ventaja de que, al estar diseñados para lo que están, dificilmente cualquier cosa que agarres termina escapando. Conclusión: son geniales para ligar.
Mis guantes más "nuevos" son geniales. No sólo por su aspecto, sino por la cantidad de anécdotas que estoy recopilando gracias a ellos. Son la razón de esta pensación.
Llegaron a mí de una forma curiosa. A mis amigos y mí nos dio por disfrazarnos el Halloween pasado y yo lo hice de una suerte de "V" que improvisé vistiéndome con toda la ropa negra que tenía a mano, poniéndome un sombrero (gris, desafortunadamente) y colocándome la grandiosa máscara. Estaba completamente cubierto, excepto el cuello, cosa que creo fue encomiable ya que ese día en Sevilla hizo treinta y pico grados centígrados y estuve todo el tiempo con una deshidratación curiosa (y, como un niño con un juguete nuevo, no estaba por la labor de quitarme mi magnífica careta). El caso es que surgió un problema. No tenía guantes negros. Lo más parecido que podía ponerme eran los guantes azules pelotilleros y eso fue lo que llevé. Entonces, el destino quiso que mi primo (quién fue disfrazado de Bud Spencer anoréxico y de espaldas) tuviera por allí unos guantes de cuero negro de los que quería deshacerse por motivos sentimentales. Me los dio y se lo agradeceré eternamente, ya que no sólo completó mi disfraz, sino que ahora voy por la vida con unos guantes de asesino a sueldo que me encantan.

Para tocar el piano y chatear


Como he dicho, son de cuero negro, muy desgastados por el paso del tiempo y de los elementos: son guantes de motorista, con un montón de kilómetros a sus espaldas, y ya empiezan a sufrir de arrugas y perdidas de piel por sectores. Aunque su característica más llamativa es que en las palmas han perdido completamente el cuero y tienen el forro interior al aire. No son otra cosa que las cicatrices de haber estado empuñando el manillar con fuerza.
A mí no solamente me sirven de prenda contra el frío, sino de un juguete social que desata miradas interesantísimas por la calle. Diréis "qué tío tan exagerao, tiene que haber miles con guantes de esos por ahí y no van llamando la atención por ahí". Claro, pensáis eso porque a vosotros no se os quedan mirando las viejas en el metro con cara de susto cuando te sientas a su lado, o los taxistas no os abren la puerta del coche hasta que os quitáis los guantes. Venga, hacedlo, probadlo, es una experiencia divertidísima. No conocéis la deliciosamente malvada sensación de estar dentro de una joyería con esos guantes puestos, o... un momento... igual no son los guantes. Igual es que tengo cara de delincuente. Es posible. No lo sé.
Pero, desde luego, pareceré un delincuente con unos guantes geniales.

Con estos parecería ya del todo un psicópata

3 comentarios:

Jesús dijo...

Gran reflexión.

Gaius Petreus Annosus dijo...

Respétame a Batman y a Frank Miller o vas a cobrar :P

Marta Geller dijo...

mencantan los guantes :))