miércoles, 16 de septiembre de 2009

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DISTRITO 9, PORQUE EL ESPECTÁCULO INTELIGENTE ES POSIBLE


Nueva crítica cinematográfica de El Guardián entre el Orégano. En esta ocasión la alerta de spoilers es mínima, ya que cuando el producto es bueno, no me gusta reventarselo a nadie:

La Tierra no es un buen lugar para quedarse atrapado. Esto lo sabe bien la raza de alienígenas que llegó a Johannesburgo hace ya 20 años y que el gobierno, presionado por una opinión pública asqueada, cercó en un gueto conocido como Distrito 9. Pero la zona de aislamiento se les está quedando pequeña a los 1’8 millones de extraterrestres que allí viven, y la MNU, la corporación encargada del control de las criaturas visitantes, planea un realojo en una “zona más amplia, cómoda y apartada de los humanos”. Bonitas palabras para describir un campo de concentración.

Así, lectores, comienza una de las mejores películas de Ciencia-Ficción que se ha rodado en muchos años., de esas que dignifican su género. El director primerizo Neill Blomkamp, protegido de Peter Jackson (que ejerce las veces de productor de este evento cinematográfico), conoce y sabe manejar la premisa básica de la Sci-Fi: el análisis de la realidad humana mediante una metáfora fantástica. El guantazo a la conciencia social sudafricana es considerable, teniendo en cuenta que Blomkamp lo único que hace es sustituir el trato que se le daba a los negros en el país durante el Aparheit por el trato a una raza alienígena. Vemos a los “bichos” (que es como llaman los humanos a las criaturas, “gambas” en el original inglés), ser vapuleados, humillados y sometidos a vejaciones, a veces rozando el nazismo extremo, y todo nos recuerda a la manera de muchos países de lidiar con sus minorías étnicas.

Sí, efectivamente, no es la primera (ni la última) película en retratar el racismo y la represión, pero desde luego es una de las más efectivas, porque al principio, casi te ríes con los maltratos que se les dan a los “bichos” y llegas a creerte que de verdad son criaturas estúpidas y repulsivas que merecen estar apartadas de nosotros, seres civilizados. Sin embargo, de improvisto, algo ocurre.


El protagonista, el patoso y patético Wikus Van De Merwe (Soberbio, soberbio, soberbio Sharlto Copley), es el encargado principal de la operación de realojo de los “bichos” y vemos desde su punto de vista toda la crudeza de lo que he explicado antes. “Neill me dijo: ‘Imagina que uno de esos funcionarios afrikaners que conocimos de críos, uno de esos burócratas de cabeza cuadrada, llega una noche a su casa y descubre que se está convirtiendo en negro’. No hizo falta más”, dijo Copley en una entrevista contando como Blomkamp le ayudaba a meterse en su papel. Como dice su declaración, algo ocurre y Van De Merwe empieza a sufrir una extraña transformación que le hace sufrir el mismo trato que hasta ahora se les daba a los visitantes del espacio exterior.


Wikus "cachopán", enseñándonos una foto de su "ángel".


Aquí la cosa cambia de tono. Sin perder de vista el tema principal, el racismo y la persecución social, Blomkamp también juega con la ciencia-ficción más cañera, la de armas futuristas y robots extraordinarios, la de tiroteos post-apocalípticos y laboratorios secretos.

Y eso es lo bueno de Distrito 9, su capacidad para mezclar géneros y tonos sin perder su identidad. Por que la película, a pesar de lo que parece, es condenadamente divertida y entretenida. Los bichos llevando trozos de ropa humana son magníficos y los arrebatos de furia de Wikus resultan, apartes iguales, comprensibles y desternillantes, por no mencionar los ramalazos peterjacksonnianos de humor negro chabacano (Un día haré un post sobre el humor de Jackson, lo juro) que rebosan por todas partes: ver a un robot alienígena matar a un soldado humano lanzándole un cerdo con un arma de gravedad no tiene precio.


Amantes de la Sci-Fi, he aquí un atardecer que le hará sombra a los de Tatooine.


A pesar de todo, la película tiene sus pegas. Hay momentos lentos y escenas mal encajadas en el ritmo de la trama que lastran un poco la atención del espectador, como por ejemplo la recta final, que se hace eterna y llega el momento en el que la tensión no se suaviza entre tanto sonido de disparos. Pero afortunadamente, estas escenas son pocas y breves, y rápidamente se solucionan con momentos siguientes.


No puedo terminar esta crítica son mencionar el PERFECTO apartado técnico. Una vez más Weta Digital (la compañía de Jackson de efectos especiales y digitales, que cada día le come más terreno a Light and Magic de Lucas) hace milagros con un presupuesto mínimo (30 millones se gastaron, en total, en esta peli, una cantidad nimia comparada con otras superproducciones de menor calidad), creando extraterrestres, ya sean muñecos o digitales, que podríamos jurar que son seres vivos de otro planeta contratados como actores. Y con esto concretamente me refiero a Christopher Johnson (Jason Cope, que también tiene su papel como humano), el nuevo marciano favorito de todos, el que nos hace ver que, quizás, esos “bichos” asquerosos no sean, al fin de al cabo, “simple escoria alienígena”.


Jason Cope es...



¡Christopher Johnson!

1 comentarios:

Grupo NT dijo...

fui a ver la película y, por no extenderme, te diré que me parece mannnnnnnífica.

Román.