miércoles, 25 de febrero de 2009

Un monumento, por favor

[Vía: elpais.com]


Una gota de ira en un mar de miedo

En un gesto inédito, una víctima del atentado en la Casa del Pueblo en Lazkao, hijo de un ex concejal del PSE, se venga destrozando una 'herriko taberna'



"No hay solución: ojo por ojo diente por diente, hijos de puta". Sólo él sabe si fue premeditado o no, pero el caso es que Emilio G. soltó ayer toda la rabia acumulada tras pasar la noche en la calle sin poder ver el estado de su vivienda, dañada por el atentado de ETA del pasado lunes contra la Casa del Pueblo de Lazkao (Guipúzcoa). Los vecinos que pasaron la noche con él esperando a la intemperie no vieron nada que delatara que, tras constatar los destrozos que la bomba había causado en su casa, la emprendería a mazazos con la herriko taberna de la izquierda abertzale en la localidad como venganza. "Lo siento por mis padres", afirmó, fuera de sí y maldiciendo, tras ser detenido por varios agentes de la Ertzaintza. Horas después fue puesto en libertad con cargos, a la espera de pasar a disposición judicial.

'Herriko taberna' de Lazkao

Nadie recuerda en el País Vasco un gesto tan rotundo por parte de una víctima de ETA como respuesta a un atentado. A las 12.30, nada más terminar la concentración de condena celebrada ante el Ayuntamiento, Emilio G. caminó el centenar de metros que separan éste de la herriko Ansoategi Herrikoa con una maza en sus manos y destrozó la vitrina acristalada. Ni siquiera utilizó la puerta: entró por uno de los boquetes que había hecho y siguió ensañándose con el mobiliario. Arremetió contra el mostrador, se cargó una televisión, un dispensador de cerveza, así como botellas, vasos... También tiró al suelo varios carteles de la plataforma D3M, candidatura anulada por el Supremo que la izquierda abertzale insiste en llevar a las urnas.

Hijo de un ex concejal socialista en esta localidad, Emilio G. vivió de cerca el acoso con el que la banda terrorista y su entorno suele castigar a los que piensan distinto. Su piso era uno de los que estaba justo encima de la Casa del Pueblo. Era de su propiedad y acababa de reformarlo. "Estuvo toda la noche esperando a ver si podía ver su piso. A las cinco se fue a casa de su novia en Rentería", explica una vecina.

Después de pasar una noche horrenda, Emilio G. acudió por la mañana a su piso para ver el desolador panorama, con muebles destrozados, cristales rotos por los suelos y grietas en las paredes. Estaba bajo tratamiento psicológico, según su entorno. Sin embargo, los que lo conocen se sorprendieron al enterarse de que era él el autor de los destrozos. En la localidad todos tienen la imagen de él paseando tranquilamente a su perro. Le recuerdan como alguien cordial. "Es un tipo muy inteligente, muy asentado", explicó por teléfono uno de sus compañeros de trabajo en la constructora de ferrocarriles CAF.

El PSE-EE, por su parte, recalcó que el agresor no tenía ninguna vinculación con el partido. El alcalde de la localidad, el peneuvista Patxi Albisu, explicó que comprende la situación por la que está pasando Emilio G., pero rechazó "los medios que ha utilizado" y pidió a todos los habitantes de la localidad que den la espalda a la violencia, informa Efe. Pero anoche mismo, en las paredes de Lazkao aparecieron pasquines con el nombre y apellidos del joven, seguidos de la leyenda "agresor fascista".

Las personas afectadas por la amenaza de ETA vieron casi un gesto de justicia poética en la agresión perpetrada por Emilio G. El Colectivo de Víctimas del Terrorismo del País Vasco pidió que se le aplique un "atenuante" a la hora de juzgarle. Su portavoz, Cristina Cuesta, afirmó a Servimedia que cree que esta reacción al terrorismo de ETA es algo "sintomático". "Es un milagro, que esperemos que se mantenga la contención y la prudencia que han tenido las víctimas y los afectados para no responder nunca de manera parecida a lo que han sufrido", añadió.

Aunque insistió en que "no es el método" de actuar frente a la violencia, el filósofo Fernando Savater, amenazado por la banda terrorista, apuntó en el mismo sentido: "Esto revela que hay gente que simplemente no dice 'me han roto la casa, qué le vamos a hacer', sino que demuestra su hartazgo. Esto revela una situación", informa Vasco Press.

El paréntesis en la campaña que supuso la concentración en Lazkao reunió a más de un centenar de personas entre vecinos y dirigentes de los partidos democráticos. Los concentrados retomaron una vez más el ritual de condena, con diez minutos de silencio seguidos de un fuerte aplauso.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Esta noticia la acabo de leer por ahí, al parecer están todos contentos con la venganza.

Que vivan los valientes!


=;)