jueves, 19 de febrero de 2009

Separados por el Euromillón

[Vía: abc.es]


Quién diría que cuando eres un joven estudiante y estás enamorado, ganar quince millones de euros en el Euromillón a medias con tu pareja te iba a arruinar la vida. Después de conseguir lo que millones de europeos sueñan todos los viernes, de tener a tu alcance una vida sin preocupaciones económicas, llena de lujos junto al amor de tu vida, Cristina Simões y Luís Ribeiro han complicado realmente sus existencias.
El conocido refrán «afortunado en el juego, desgraciado en amores» resume la historia de esta pareja de novios portugueses, ahora enemigos, para quienes la suerte de la lotería puso fin a una relación de la que todos esperaban que terminase en boda.

Cupido frente a egoísmo
Las flechas de Cupido parecen no haber resistido a uno de los mayores peligros en la aventura del amor: el egoísmo. Y eso que lo que tenían que repartir era tanto que aunque fueras un poco egoísta ambas partes podían salir ganando.
Cristina y Luis son dos jóvenes de 22 años del norte de Portugal, a la espera de que el Tribunal Civil de Barcelos decida lo que hacer con el dinero del premio, quince millones de euros, bloqueado en una cuenta bancaria por falta de entendimiento.
Todas las semanas esta joven pareja, de entonces 20 años, jugaba al Euromillones. El 19 de enero del 2007 una de sus combinaciones fue la ganadora del primer premio de este sorteo europeo. Algo fue diferente al resto de apuestas anteriores y es que Cristina, en el último momento, decidió que jugasen dos euros más que lo habitual, proporcionando así la clave ganadora.
La apuesta se realizó en el Café Brandão, en Alvelos, a medio camino del recorrido entre las casas de los dos jóvenes. La de él, en Courel, y la de ella, en Remelhe. En este café no conocen a los protagonistas de esta genuina y rocambolesca historia. Su propietario, Antonio Brito, sólo supo que el recibo premiado se registró en su bar, por la lista de la Santa Casa de la Misericordia (institución que gestiona la lotería en Portugal). «Ellos fueron directamente a buscar el premio a Lisboa», explica. Y así fue, Luis y Cristina, junto a los padres de ella, se fueron a la capital lusa para recibir la importante suma de dinero que depositaron en una cuenta bancaria de cuatro titulares, de la que únicamente han disfrutado de los intereses del primer año.

Intromisión de la familia
Los problemas llegaron cuando Luís propuso sacar dinero para poder repartirlo con sus padres y hermanos. Los padres de Cristina se opusieron diciendo que sólo después de casados podría tener acceso al dinero. La relación entró en conflicto y acabó por iniciativa de la chica.
En el pueblo cuentan que Luís decidió poner una providencia cautelar «porque la otra parte quiere todo el dinero y no la mitad». Y es que ahora se trata de demostrar de quién es el premio, si de quien puso el dinero o de quien eligió los números. «Con lo bonito que sería que cada uno se quedase con 7,5 millones de euros», exclama el propietario del bar. Bonito, sencillo y muy beneficioso para ambos. «Si no fuese por el Euromillones ya estarían casados», dice una vecina.
En ambas localidades no se habla de otra cosa. Las dos familias decidieron mantener en secreto la feliz noticia del premio por miedo a robos e incluso raptos, pero todos saben quienes son. Como consecuencia, además de la separación de la pareja, ambos viven en los alrededores de Barcelos sin grandes lujos.
En manos de los jueces
El desenlace de esta historia está por ahora en manos del Tribunal Civil de Barcelos. No hubo acuerdo en la primera audiencia preliminar celebrada esta semana y la segunda tendrá lugar el 31 de marzo, un oportunidad más propuesta por el tribunal antes de que el caso vaya a juicio.

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